Por qué no soy cristiano – Bertrand Russell

Bertrand Russell

Bertrand Russell (Photo credit: Wikipedia)

Por qué no soy cristiano

Así tituló el filósofo y matemático inglés Bertrand Russell sus objeciones a las enseñanzas cristianas, reunidas en una obra considerada un clásico de la creencia agnóstica. Más que un simple manifiesto, el pensador invitaba a sus lectores a dirigir una mirada cruda y directa al mundo “con una actitud sin miedo y una inteligencia libre”.

El tema acerca del cual voy a hablar es Por qué no soy cristiano. Quizá sería conveniente, antes de nada, tratar de averiguar lo que uno quiere dar a entender con la palabra ‘cristiano’. Hoy en día la emplean a la ligera muchas personas. Hay quienes lo entienden como que una persona trate de vivir virtuosamente. En este sentido, supongo que habrá cristianos de todas las sectas y credos; pero no creo que sea el sentido adecuado de la palabra, aunque sólo sea por implicar que toda la gente que no es cristiana —todos los budistas, confucianos, mahometanos, etc.— no trata de vivir virtuosamente. Yo no considero cristiana a la persona que trata de vivir decentemente, de acuerdo con sus luces. Creo que debe tenerse una cierta cantidad de creencia definida antes de tener el derecho de llamarse cristiano. La palabra no tiene ahora un significado tan completo como en los tiempos de San Agustín y Santo Tomás de Aquino. En aquellos días, si un hombre decía que era cristiano, se sabía lo que quería dar a entender. Se aceptaba una colección completa de credos promulgados con gran precisión, y se creía cada sílaba de esos credos con toda la fuerza de las convicciones de uno.

LA EXISTENCIA DE DIOS

La cuestión de la existencia de Dios es una cuestión amplia y seria, y si yo intentase tratarla del modo adecuado, tendría que retenerlos aquí hasta el Día del Juicio, por lo cual deben excusarme por tratarla en forma resumida. Saben, claro está, que la Iglesia Católica ha declarado dogma que la existencia de Dios pueda ser probada mediante la razón sin ayuda. Éste es un dogma algo curioso, pero es uno de sus dogmas. Tenían que introducirlo porque, en un tiempo, los librepensadores adoptaron la costumbre de decir que había tales y cuales argumentos que la razón podía esgrimir contra la existencia de Dios, pero que, claro está, ellos sabían, como cuestión de fe, que Dios existía. Los argumentos y las razones fueron expuestos con gran detalle y la Iglesia Católica comprendió que había que ponerles coto.

EL ARGUMENTO DE LA CAUSA PRIMERA

Entre estos argumentos quizás el más fácil y sencillo de comprender es el argumento de la Causa Primera. (Se sostiene que todo cuanto vemos en este mundo tiene una causa, y que al ir profundizando en la cadena de las causas llegamos a una Causa Primera, y que a esa Causa Primera le damos el nombre de Dios).

Ese argumento, supongo, no tiene mucho peso en la actualidad, porque, en primer lugar, causa no es ya lo que solía ser. Los filósofos y los hombres de ciencia han estudiado la causa y ésta ya no posee la vitalidad que tenía; pero, aparte de eso, se ve que el argumento de que tiene que haber una Causa Primera no encierra ninguna validez. (Puedo decir que cuando era joven y debatía muy seriamente estas cuestiones conmigo mismo, había aceptado el argumento de la Causa Primera, hasta el día en que, a los dieciocho años, leí la autobiografía de John Stuart Mill y hallé allí esta frase: “Mi padre me enseñó que la pregunta “¿Quién me hizo?” no puede responderse, ya que inmediatamente sugiere la pregunta “¿Quién hizo a Dios?”. Esa sencilla frase me demostró, y así lo sigo creyendo, la falacia del argumento de la Causa Primera. Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, igual puede ser el mundo que Dios, por lo que no hay validez en ese argumento. Es exactamente de la misma naturaleza que la opinión de aquel indio de que el mundo descansaba sobre un elefante, y el elefante sobre una tortuga; cuando le dijeron: “¿Y la tortuga?”, el indio dijo: “¿Y si cambiásemos de tema?”. El argumento no es realmente hasta mejor acá que ése. No hay razón por la cual el mundo no pueda haber nacido sin causa; tampoco, por el contrario, hay razón por la que no haya podido existir siempre. No hay razón para suponer que el mundo haya tenido un comienzo. (La idea de que las cosas tienen que tener un principio se debe realmente a la pobreza de nuestra imaginación.) Por lo tanto, creo, no necesito perder más tiempo con el argumento de la Causa Primera.

EL CARÁCTER DE CRISTO

Ahora tengo que decir unas cuantas palabras sobre un asunto que creo que no ha sido suficientemente tratado por los racionalistas, y que es la cuestión de si Cristo era el mejor y el más sabio de los hombres. Generalmente, se da por sentado que todos debemos estar de acuerdo en que era así. Yo no lo estoy. Creo que hay muchos puntos en que estoy de acuerdo con Cristo, muchos más que aquéllos en que lo están los cristianos profesos. No sé si podría seguirlo todo el camino, pero iría con Él mucho más lejos de lo que irían la mayoría de los cristianos profesos. Recuérdese que Él dijo: “No hagáis resistencia al agravio; y si alguno te hiriese en la mejilla derecha, vuelve también la otra”. No es un precepto ni un principio nuevos. Lo usaron Lao-Tse y Buda quinientos o seiscientos años antes de Cristo, pero este principio no lo aceptan los cristianos. No dudo de que el actual primer ministro, por ejemplo, sea un cristiano muy sincero, pero no les aconsejo que vayan a abofetearlo. Creo que descubrirían que él pensaba que el texto tenía un sentido figurado.

Luego, hay otro punto que considero admirable. Se recordará que Cristo dijo: “No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados”. No creo que ese principio sea muy popular en los tribunales de los países cristianos. Yo he conocido en mis tiempos muchos jueces que eran cristianos sinceros, y ninguno de ellos creía que actuaba en contra de los principios cristianos haciendo lo que hacía. Luego Cristo dice: “Al que te pide, dale: y no le des la espalda al que pretenda de ti algún préstamo”. Ése es un principio muy bueno.

El presidente ha recordado que no estamos aquí para hablar de política, pero no puedo menos que apuntar que las últimas elecciones generales se disputaron en torno a lo deseable que era dar la espalda al que pudiera pedirnos un préstamo, de modo que hay que suponer que los liberales y los conservadores de este país son personas que no están de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, porque en dicha ocasión, se apartaron definitivamente de ellas.

Luego, hay otra máxima de Cristo que yo considero muy valiosa, pero que no es muy popular entre algunos de nuestros amigos cristianos. Él dijo: “Si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes y dáselo a los pobres”. Es una máxima excelente, pero, como dije, no se practica mucho. Considero que todas estas máximas son buenas, aunque un poco difíciles de practicar. Yo no presumo de practicarlas; pero, después de todo, no es lo mismo que si se tratase de un cristiano.

COMO LAS IGLESIAS HAN RETARDADO EL PROGRESO

Se puede pensar que voy demasiado lejos cuando digo que aún sigue siendo así. Yo no lo creo. Baste un ejemplo. Serán más indulgentes conmigo si lo menciono. No es un hecho agradable, pero las iglesias le obligan a uno a mencionar hechos que no son agradables. Supongamos que en el mundo actual una joven sin experiencia se casa con un sifilítico; en tal caso, la Iglesia católica dice: “Éste es un sacramento indisoluble. Debéis permanecer juntos durante toda la vida”. Y la mujer no puede dar ningún paso para no traer al mundo hijos sifilíticos. Eso es lo que dice la Iglesia Católica. Y yo digo que eso es de una crueldad diabólica, y nadie cuya compasión natural no haya sido alterada por el dogma, o cuya naturaleza moral no sea absolutamente insensible al sufrimiento, puede mantener que es bueno y conveniente que persista ese estado de cosas.

Éste no es más que un ejemplo. Hay muchos medios a través de los cuales, en la actualidad, la Iglesia, por su insistencia en lo que ha decidido llamar moralidad, inflige a la gente toda clase de sufrimientos inmerecidos e innecesarios. Y claro está, como es sabido, en su mayor parte se opone al progreso y al perfeccionamiento de todos los medios capaces de disminuir el sufrimiento del mundo, porque ha decidido llamar moralidad a un escaso número de reglas de conducta que no tienen nada que ver con la felicidad humana; y cuando se dice que se debe hacer esto o lo otro, porque contribuye a la dicha humana, estima que es algo que no tiene nada que ver con el asunto. “¿Qué tiene que ver con la moral la felicidad humana? El objeto de la moral no es hacer feliz a la gente”.

EL MIEDO, FUNDAMENTO DE LA RELIGIÓN

La religión se basa, principalmente, a mi entender, en el miedo. Es en parte el miedo a lo desconocido, y en parte, como dije, el deseo de sentir que se tiene un hermano mayor que va a defenderlo a uno en todos sus problemas y disputas. El miedo es la base de todo: el miedo a lo misterioso, el miedo a la derrota, el miedo a la muerte. El miedo es el padre de la crueldad y, por lo tanto, no es de extrañar que la crueldad y la religión vayan de la mano. Se debe a que el miedo es la base de estas dos cosas. En este mundo, podemos ahora comenzar a entender un poco las cosas y a dominarlas un poco con ayuda de la ciencia, que se ha abierto paso frente a la religión cristiana, frente a las iglesias, y frente a la oposición de todos los antiguos preceptos. La ciencia puede ayudarnos a librarnos de ese miedo cobarde con el que la humanidad ha vivido durante tantas generaciones. La ciencia puede enseñarnos a no buscar ayudas imaginarias, a no inventar aliados celestiales, sino más bien a hacer con nuestros esfuerzos que este mundo sea un lugar habitable, en lugar de ser lo que han hecho de él las iglesias en todos estos siglos.

LO QUE DEBEMOS HACER

Tenemos que mantenernos en pie y mirar al mundo a la cara: sus cosas buenas, sus cosas malas, sus bellezas y sus fealdades; ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él. Conquistarlo mediante la inteligencia y no sólo sometiéndonos al terror que emana de él. Toda nuestra concepción de Dios es una concepción derivada del antiguo despotismo oriental. Es una concepción indigna de hombres libres. Cuando en la Iglesia se oye a la gente humillarse y proclamarse miserablemente pecadora, etcétera, parece algo despreciable e indigno de seres humanos que se respeten. Debemos mantenernos en pie y mirar al mundo a la cara. Tenemos que hacer de nuestro mundo el mejor posible, y si no es tan bueno como deseamos, después de todo será mejor que el que esos otros han hecho en todos estos siglos. Un mundo bueno necesita conocimientos, bondad y valor; no necesita el pesaroso anhelo del pasado, ni el aherrojamiento de la inteligencia libre mediante las palabras proferidas hace mucho por hombres ignorantes. Necesita un criterio sin temor y una inteligencia libre. Necesita esperanza en el futuro, no el mirar hacia un pasado muerto, que confiamos que sea superado por el futuro que nuestra inteligencia puede crear.

* Conferencia pronunciada el 6 de marzo de 1927, en el Ayuntamiento Battersea, bajo el auspicio de la Sociedad Laica Nacional londinense.

Utilísima Satelital: Instrucciones relativas a impurezas propias de la mujer

19 “Cuando una mujer tenga su periodo normal de menstruación, será considerada impura durante siete días.

“Cualquiera que la toque, será considerado impuro hasta el anochecer.

20 “Cualquier cosa sobre la que ella se acueste durante su periodo de menstruación, será considerada impura.

“Cualquier cosa sobre la que se siente, será considerada impura.

21 “Cualquiera que toque el lugar donde ella se haya acostado, deberá lavarse la ropa y lavarse a sí mismo con agua, y será considerado impuro hasta el anochecer.

22 “Cualquiera que toque algún objeto sobre el que ella se haya sentado, deberá lavarse la ropa y lavarse a sí mismo con agua, y será considerado impuro hasta el anochecer. 23 Sea lo que sea que toque el lugar sobre el que ella se haya acostado o sentado, será considerado impuro hasta el anochecer.

24 “Si algún hombre se acuesta con ella, comparte su impureza, y será considerado impuro durante siete días, lo mismo que el lugar donde se hayan acostado.

25 “En caso de que una mujer tenga flujo de sangre fuera de su periodo normal de menstruación, y que el flujo le dure muchos días, o en caso de que su menstruación le dure más de lo normal, será considerada impura mientras le dure el flujo, como si estuviera en su periodo de menstruación.

26 “Cualquier lugar sobre el que ella duerma y cualquier objeto en que se siente mientras le dura el flujo, será considerado impuro, como si estuviera ella en su periodo de menstruación.

27 “Cualquiera que toque estas cosas, será considerado impuro. Deberá lavarse la ropa y lavarse a sí mismo con agua, y será considerado impuro hasta el anochecer.

28 “Cuando el flujo se le detenga, podrá contar siete días, y después quedará purificada. 29 Al octavo día tomará dos tórtolas o dos pichones, y se los llevará al sacerdote, a la entrada de la tienda del encuentro. 30 El sacerdote ofrecerá uno de ellos como sacrificio por el pecado y otro como holocausto. Así realizará el sacerdote ante el Señor la purificación de esa mujer por el flujo que tuvo, 31 y de esa manera alejaréis a los israelitas de sus impurezas, para que no mueran por manchar con ellas el lugar donde yo habito entre ellos.”

32 Estas son las instrucciones acerca de los que sufren de flujo y los que tienen derrames de semen, quedando impuros por esa razón; 33 y acerca de las mujeres que están en su menstruación y, en una palabra, acerca de todo el que sufre de derrames, sea hombre o mujer, y de los hombres que se acuesten con una mujer en su periodo de menstruación.

Las pruebas de la existencia de Dios versus La Prueba Definitiva en contra de su existencia

Introducción

Vivimos en un mundo marcado por la cultura de muerte. Las constantes manifestaciones de rupturas con uno mismo como soledad, tristeza, sin sentido, búsquedas desenfrenadas de falsas seguridades; las rupturas con los demás traducidas en violencia, delincuencia, terrorismo, guerras, entre otras; no tienen otra causa que la ruptura fontal con Aquel que nos creó y nos conoce plenamente, Dios mismo. El anhelo de infinito que cada hombre experimenta en lo más profundo de su corazón se ve traicionado al cerrarle la puerta al Único que puede saciar esa nostalgia de eternidad.

En la historia de la humanidad siempre han estado aquellos que niegan explícitamente a Dios, los denominados ateos; otros que crean dioses a sus medidas trayendo como consecuencia visiones reducidas de Dios, como por ejemplo: los deístas, los panteístas, los idealistas kantianos, etc.

En nuestros días percibimos -por el avance del secularismo- la ausencia de Dios en las estructuras de nuestra sociedad, una sociedad que termina poniendo a Dios “entre paréntesis”, regida por un estribillo cada vez más común: “si Dios no está en mi vida práctica y no tengo como probar si existe o no existe, entonces no me interesa”.

Ante este panorama, los católicos enfrentamos la urgencia de hacer una opción clara y decidida por anunciar con sólidos argumentos que Dios sí existe y está muy cerca de cada uno de nosotros.

El hombre puede llegar al conocimiento de Dios de muchas maneras. Todas ellas responden tanto a la capacidad natural de la inteligencia humana de conocer la existencia de Dios, como a la Revelación divina que nos ofrece de El un conocimiento sobrenatural.

Por ello, seguidamente señalaremos los principales postulados que nos permiten afirmar que Dios existe, es real y es cercano.

Empezaremos con las cinco vías que Santo Tomás de Aquino desarrolló hace más de 700 años para demostrar la existencia de Dios, desde un conocimiento a posteriori, es decir una manera de aproximarse a la realidad divina desde la experiencia sensible, que va de lo conocido a lo desconocido, de lo sensible a lo espiritual, de los efectos a la causa suprema.

Primera vía: Se funda en el movimiento

1) Es innegable, y consta a nuestros sentidos, que hay cosas que se mueven, es decir, que cambian. No se trata sólo del movimiento en sentido físico (locomoción), sino en sentido metafísico, es decir, como paso de la potencia al acto (cambios de una condición a otra, de un ser a otro, etcétera).

2) Pues bien, todo lo que se mueve, cambia, muda o transforma es movido por otro, ya que nada se mueve más que cuando está en potencia respecto a aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto. Por ejemplo, el fuego hace que un leño -que está caliente sólo en potencia- pase a estar caliente en acto. Pero no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en potencia y en acto respecto a lo mismo, sino en orden a cosas diversas. Es imposible que una misma cosa sea, por lo mismo y de la misma manera, motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro.

3) Pero, si lo que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, y a éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor, y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano.

Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie.

4) Este primer motor que no es movido por nadie es el que todos entienden por Dios. Luego Dios existe.

Segunda vía: Se basa en la causalidad eficiente

1) Nos consta por experiencia que hay en el mundo sensible un orden determinado entre las causas eficientes, pues están subordinadas esencialmente entre sí para la producción de un efecto común.

2) Pero no se da, ni es tampoco posible, que una cosa sea causa de sí misma, ni en el orden del ser ni en el de la operación, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible.

3) Ahora bien: esa serie de causas eficientes, subordinadas esencialmente entre sí, no se puede prolongar indefinidamente, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, y ésta causa de la última. Cada una de estas causas actúa por influjo de las causas que la preceden. Y así tenemos que, suprimida una causa se suprime su efecto. Por consiguiente, si no existiese una causa primera, tampoco existiría la intermedia, ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera y, por tanto, no habría efecto último, ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces.

Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera.

4) Esta causa eficiente primera, que no es causada por ninguna otra, a la que están subordinadas todas las demás causas; es decir, esta causa eficiente incausada es llamada por todos Dios. Luego Dios existe.

Tercera vía: Se fundamenta en la contingencia de los seres

1) Es evidente que hallamos en la naturaleza seres que pueden existir o no existir, pues vemos seres que vienen a la existencia por generación y seres que se destruyen por corrupción; es decir, seres que no tienen en sí mismos la razón de su existencia, sino que están condicionados por otros seres, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Estos seres reciben el nombre de seres contingentes.

2) Ahora bien: es imposible que los seres contingentes hayan existido siempre, ya que lo que tiene la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que no fue. Es decir, los seres contingentes, que tienen la posibilidad de existir y de no existir, reciben la existencia, no por sí mismos, sino por otro ser que ya existe. Así, pues, los seres contingentes son, por esencia, efecto, seres que piden causa, seres que alguna vez han comenzado a existir causados por otro.

Pero, como ya se demostró antes (segunda vía), es imposible y absurdo que haya una serie infinita de seres contingentes, es decir, de causas subordinadas, ya que es imposible que sólo existan efectos.

Por consiguiente, los seres contingentes exigen la existencia de un ser que no haya comenzado a existir; un ser no causado, que exista por sí mismo; un ser que ha existido siempre. A este ser se le llama ser necesario.

3) Pero el ser necesario, o tiene la existencia por sí mismo, o la ha recibido de otro ser necesario superior. En esta segunda hipótesis, si el ser necesario ha recibido su existencia de otro ser necesario superior, es imposible aceptar una serie indefinida de seres necesarios. Es forzoso, por tanto, admitir la existencia de un ser necesario que exista por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de los demás seres.

4) A este ser necesario, que no tiene la existencia recibida de otro, sino que existe por sí mismo, en virtud de su propia naturaleza, es al que todos llaman Dios. Luego Dios existe.

Cuarta vía: Considera los grados de perfección que hay en los seres

1) Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, más o menos verdaderos y nobles que otros; y lo mismo ocurre con las diversas cualidades. Así, por ejemplo, nadie duda que el hombre es más perfecto que el animal; el animal, más perfecto que el vegetal; y éste más perfecto que el mineral. Lo propio se ha de decir de la bondad, de la verdad, de la nobleza y de otras perfecciones semejantes, las cuales están realizadas en todos los seres según una diversidad de grados, en virtud de la cual unos seres son más perfectos que otros.

2) Pero la diversidad de grados que se da en esas perfecciones, es decir, las cosas más o menos buenas, más o menos verdaderas, más o menos bellas, etc., suponen la existencia de lo máximo; están reclamando un ser óptimo, verdaderísimo, bellísimo, etc. En otras palabras, esos grados dc perfección son algo causado por otro, el cual, si posee esas perfecciones en grado limitado, las tendrá, a su vez, causadas por otro.

3) Pero como es imposible admitir una serie infinita de causas limitadas, causadas, en este proceso de ascensión, llegamos a una primera causa en donde todas esas perfecciones se encuentran en grado sumo y en toda su plenitud. Por lo tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo, bellísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo, pues lo que es verdad máxima es máxima entidad.

Ahora bien: quien tiene una perfección pura en grado máximo, o por esencia, es causa de esta perfección en todos aquellos que la poseen en grado inferior, o por participación. Además, no puede ser más que un único ser, una única perfección subsistente en sí misma, una única perfección en toda su plenitud y totalidad.

4) Por consiguiente, existe algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad, de su belleza y de todas sus perfecciones, porque se trata del Ser sumo, de la Verdad suma, de la suma Bondad; y a este ser todos lo llamamos Dios. Luego Dios existe.

Quinta vía: Se toma del gobierno del mundo

1) Vemos que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene, es decir, su plena evolución y desarrollo, o la conservación de su especie, o el orden dinámico del cosmos, etc., por lo que se comprende que no van a su fin obrando al azar, sin rumbo ni orientación, sino intencionadamente.

2) Ahora bien: los seres que carecen de conocimiento no pueden tender a sus respectivos fines si no los dirige un ser inteligente que conozca dicho fin, a la manera como el arquero dirige la flecha.

3) Esta inteligencia ordenadora no puede estar ordenada por una serie indefinida de inteligencias, sino que es preciso llegar a un ser inteligente supremo, que consiste en su mismo acto de entender, un entender infinito, subsistente y único; es decir, que es el origen y el fundamento de todas las demás inteligencias que conocen y dirigen las cosas carentes de conocimiento a sus propios fines.

4) Luego existe un Ser inteligente supremo que dirige todas las cosas naturales a sus respectivos fines, y a este Ser lo llamamos Dios. Luego Dios existe.

Desde la Biblia

Junto a estas cinco pruebas también podemos llegar a constatar la existencia de Dios aproximándonos a la realidad desde un fundamento bíblico:

a) Conocimiento de Dios por medio de la creación

La Sagrada Escritura atestigua este principio: la razón humana puede conocer a Dios por medio de la creación, pues las cosas creadas son testimonio permanente de su Autor y llevan a su Conocimiento con alcance universal.

En este sentido, en el Libro de la Sabiduría encontramos dos motivos por los cuales el hombre puede alcanzar el conocimiento de Dios. Uno es la belleza que hay en las criaturas: por la contemplación de las diversas bellezas creadas, el hombre puede alcanzar el conocimiento de Aquel que es la fuente de toda belleza, Dios, Belleza Suprema. El otro motivo es el poder y la fuerza que existe en la naturaleza creada: las fuerzas de la naturaleza son un reflejo de la Omnipotencia de Aquel a quien se someten todas las potencias.

“Vanos son por naturaleza todos los hombres que ignoran a y no alcanzan a conocer por los bienes visibles a Aquel-que-es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice; sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses, rectores del universo. Si, seducidos por su belleza, los tuvieron como dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de todos ellos, pues es el Autor mismo de la belleza quien los creó. Y si se admiraron de su poder y de su fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su Creador; pues, de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se llega por razonamiento al claro conocimiento de su Autor. Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión, pues tal vez caminan desorientados buscando a Dios y queriéndole hallar. Ocupados en sus obras, se esfuerzan en conocerlas, y se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se presentan a sus ojos! Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables; porque, si llegaron a adquirir tanta ciencia y fueron capaces de investigar el universo, ¿Cómo no llegaron más fácilmente a descubrir a su Señor?” (Sabiduría 13, 1-9).

b) Conocimiento de Dios por los grados de perfección

Los grados de perfección que el hombre conoce en la naturaleza reflejan la perfección absoluta de un Dios único y personal, al que todos los hombres son llamados a adorar y a seguir.

“La cólera de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad e injusticia de los hombres, que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo por el conocimiento que de ellas nos dan las criaturas, de forma que son inexcusables; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en vanos razonamientos, y su insensato corazón se llenó de tinieblas: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso, Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén”. (Rom 1, 18-25; ver Hech 14, 14-18; 17, 22-30).

En esta carta, el Apóstol San Pablo enseña claramente que el que no reconoce a Dios lo hace por opción libre, pues no se trata sólo de no percibir lo invisible de Dios en las cosas visibles, sino de un cerrazón del corazón que no quiere reconocer a Dios como Señor, y le niega el dominio sobre el hombre y sobre las cosas. Así, el hombre se degrada, no es capaz de reconocer su puesto en un mundo que se ha convertido en desordenado y caótico, y no acierta a descubrir la dimensión divina que aflora en todas las cosas.

c) El testimonio de la conciencia

Asimismo, en la Sagrada Escritura encontramos otro medio a través del cual el hombre puede conocer a Dios: se trata de su conciencia, la cual expresa tanto la existencia de Dios como la ley natural que Dios escribió en el corazón de todo hombre.

“Cuando los gentiles, que no tienen Ley, cumplen las prescripciones de la Ley guiados por la razón natural, sin tener Ley son para sí mismos Ley -es decir, obran según su conciencia-. Y con esto muestran que los preceptos de la Ley están escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia con los juicios que, alternativamente, ya les acusan o bien les defienden”. (Rom 2. 14-15).

Los que no han recibido la Revelación de Dios conocen por su razón natural los principios esenciales que informan la ley natural. En la intimidad de su corazón, todo hombre tiene grabada una ley moral natural que participa de la ley eterna de Dios.

Por último, podemos también llegar a demostrar la existencia de Dios desde la propia experiencia interior.

Experiencia personal de Dios

Hay muchas personas que no necesitan de esos argumentos antes señalados para creer y amar a Dios, la experiencia interior de percibirse volcado hacia algo eterno lo conduce hacia Aquel Único Eterno, Dios mismo que toca el corazón para entrar en una infinita comunión de amor, en un diálogo personal e intenso.

Es más, el mismo hecho de estar en mayor sintonía con el sello que con su Imagen Dios ha marcado al hombre, lleva a la persona a acercarse a Dios de manera natural, teniendo la convicción de la existencia de Dios como la luz del día o las estrellas de la noche.. Justamente, como imagen de Dios, el hombre conserva esa convicción divina no como algo extraño y añadido por la presión de la cultura, sino como algo propio, como el fundamento radical de su ser, como la luz que explica el dinamismo de su vida, y como el amor en el que encuentra su plenitud.

Ejemplos en la historia de la Iglesia hay muchos, que al momento de ver el propio interior se encuentran con Aquel que ilumina cada espacio del propio ser.

Vemos esto en el testimonio de San Agustín: “Y he aquí que oigo de la casa vecina una voz, no sé si de un niño o de una niña, que decía cantando, y repetía muchas veces: ¡Toma, lee; toma, lee! Y al punto, inmutado el semblante, me puse con toda atención a pensar, si acaso habría alguna manera de juego, en que los niños usasen canturrear algo parecido; y no recordaba haberlo jamás oído en parte alguna. Y reprimido el ímpetu de las lágrimas, me levanté, interpretando que no otra cosa se me mandaba de parte de Dios, sino que abriese el libro y leyese el primer capítulo que encontrase. Porque había oído decir de Antonio, que por la lección evangélica, a la cual llegó casualmente, había sido amonestado, como si se dijese para él lo que se leía: “Ve, vende todo cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; y ven y sígueme” (Mt 19, 31); y con este oráculo, luego se convirtió a Vos. Así que volví a toda prisa al lugar donde estaba sentado Alipio, pues allí había puesto el códice del Apóstol al levantarme de allí; lo arrebaté, lo abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos: ‘No en comilonas ni embriagueces; no en fornicaciones y deshonestidades; no en rivalidad y envidia; sino vestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne para satisfacer sus concupiscencias’ (Rom 13, 13-14). No quise leer más, ni fue menester; pues apenas leída esta sentencia, como si una luz de seguridad se hubiera difundido en mi corazón. todas las tinieblas de la duda se desvanecieron”.

También, como testimonios más cercano a nuestra época, tenemos al Cardenal Newman, que en su afán de profundizar en la vida interior, se convierte al catolicismo por la oración y el estudio. Asimismo, está Claudel que se siente conmovido en su espíritu al oír el canto del Magníficat en una tarde de Navidad; y confiesa:

“Qué dichosas son las personas que creen! Pero… si fuera verdad… ¡Es verdad! ¡Dios existe, está ahí! ¡Es alguien, es un ser tan personal como yo! Me ama. Me llama”.

LA PRUEBA DE QUE DIOS NO EXISTE:

El mito del Diluvio Universal explicado por la ciencia

Estudios recientes relacionan el diluvio universal con el derrumbre de un inmeso hielo y la difusión de la agricultura

Investigadores británicos y australianos, han publicado en la revista ‘Quaternary Science Reviews’ el resultado de sus últimos estudios. Los expertos, bajo la dirección del profesor británico Chris Turney, relacionan con una inundación global el derrumbe del inmenso hielo de Laurentide, en Norteamérica, que supuso el mayor aumento de agua dulce en el planeta de los últimos 100.000 años y que tuvo lugar hace entre 8.740 y 8.160 años.

Además este suceso, según este estudio, explicaría tambien las teorias sobre la expansión de la agricultura por Europa en el Neolítico.

Pero tratar de explicar desde la ciencia relatos bíblicos como el diluvio, el paso de Moisés por el Mar Rojo, o como hizo recientemente un tal Doron Nof con los milagros de Jesucristo, parece sencillamente algo descabellado, ya que nos encontramos con relatos basados en la tradición oral, muy alejados del contexto de su realidad histórica (poco constatables con las evidencias que han llegado hasta nosotros sobre su verdadera existencia). Sencillamente, se trata en la mayoría de los casos de cuestiones de fé cargadas de grandes dosis de mitología o leyenda.

Con todo y con eso, la narración del diluvio universal aparece en distintas culturas y en épocas relativamente próximas en el tiempo.

Puede considerarse como uno de los acontecimientos antiguos comunes a distintas civilizaciones del planeta. Pero, con o sin pruebas de su veracidad, sabemos que estas civilizaciones antiguas conservaron la historia de una gran inundación que destruyó a sus antepasados, en tanto en cuanto, algunas de estas civilizaciones no tuvieron contacto alguno con las demás, por ejemplo las culturas prehispánicas con civilizaciones del cercano Oriente y la India.

Una tradición oral que habría pasado de padres a hijos durante miles de años en forma de leyenda hasta que civilizaciones más modernas lo escribieran en libros como la Biblia, el Popol Vuh, escritos Babilónicos, Egipcios, etc

El posible desplazamiento hacia Europa

Según publican ahora Chris Turney y sus colegas en la revista, la inundación originó el desplazamiento de sus poblaciones hacia el oeste, en total cerca de 150.000 personas.

El inmenso trozo de hielo se desprendió en el Atlántico Norte y provocó una subida de hasta 1,4 metros en el Mediterráneo. Como consecuencia, el Mar Negro se habría inundado de agua salada obligando a las comunidades agrícolas neolíticas a desplazarse ya que no podían seguir cultivando.

«La influencia de nómadas que venían de áreas inundadas supuso un impulso muy importante para transformar la forma de vida», argumenta Turney.

«Aquellos sucesos podrían haberse transmitido de generación en generación como el recuerdo de un gran diluvio. Debieron sentir como que el mundo entero estaba inundado y aquello pudo ser el origen de la historia del Arca de Noé», asegura Turney.

Todo esto evidentemente pone patas arriba los grandes paradigmas oficiales que explican los cambios del Neolítico y la llegada de la agricultura al viejo continente, o sea, las teorias difusionistas “Revolución Neolítica” y evolucionistas.

Por último Turney recuerda que esta situación se puede repetir hacia el año 2050, cuando, debido al calentamiento global, está previsto que el nivel del mar suba de nuevo. Algo para lo que se preparan los de Greenpeace.

Greenpeace y el Arca

“Nos encontramos al borde de un segundo Diluvio Universal; pero todavía no es demasiado tarde”, dijo Andree Böhling, experto en energía de Greenpeace que identifica esa hipotética segunda tromba de agua planetaria con la que se nos vendrá encima con el cambio climático. Para llamar la atención sobre este riesgo, la organización ecologista está construyendo una réplica de 10 metros de eslora del Arca de Noé en lo alto del monte Ararat, en Turquía.

Otra explicación al diluvio por científicos de la Nasa

Un descubrimiento que se hizo por mayo de este año ya trataba de dar una explicación cinetífica a los mitos de un Diluvio a escala mundial.

Un grupo de Geólogos de la NASA basados en estudios preliminares han descubierto que existen indicios del impacto de un meteorito sobre la capa de hielo al Norte de Canadá.

En estos estudios se encontraron capas de materiales, que constituyen comúnmente a los meteoritos, sobre las capas de hielo que tienen una edad aproximada de 10,000 años.

Según estos científicos, el supuesto meteorito habría explotado en el aire, sin alcanzar el suelo.

La gran explosión producida, habría liberado una cantidad de energía equivalente a miles de bombas atómicas. Esta energía, habría derretido grandes capas de hielo en segundos.

Esta enorme cantidad de agua provocaría Tsunamis con olas gigantescas que se esparcirían por todo el mundo en cuestión de horas, provocando enormes inundaciones repentinas y permanentes en asentamientos humanos en las costas, y una elevación del nivel de los mares en todo el mundo.

Teniendo en cuenta el hecho de que al igual que hoy en día, los asentamientos humanos más importantes se encuentran cercanos a las costas o a una altura sobre el nivel del mar relativamente baja, el impacto habría ocasionado un “Diluvio Universal”, es decir una gran inundación a escala mundial.

Si este impacto se llegara a comprobar en un futuro, según estos científicos podría probarse el mito del diluvio.

La historia del diluvio. La biblia y las fuentes mesopotámicas

Así pues la historia del diluvio de Noé y el Arca no se limita sólo al génesis bíblico. Copiadas de antiguas fuentes babilónicas hacia el año 2.000 a.C existen un conjunto de doce tablillas de arcilla que contienen otra narración del diluvio universal, el conocido poema de Gilgamésh, señor de una de las ciudades estado , Uruk. El relato es una mezcla de poesía oriental, rica en imágenes que describe un hecho real, sorprendente por sus dimensiones pero referente a determinadas regiones geográficas expuestas a grandes inundaciones al que se fueron añadiendo elementos fantásticos.

Muchos autores coinciden en que la versión del diluvio recogida en el Génesis (el primer libro de la Biblia) se basaría directamente en esos textos de la literatura de Mesopotamia, conocido como la historia de Uta-na-pistim (dentro del Poema de Gilgamesh). Ya que se observa una relación obvia al comparar los pasajes del mito de Uta-na-pistim con los del diluvio Judeo-Cristiano, a veces hasta textual, teniendo en cuenta que los pueblos Judíos en su mayoría tuvieron contacto con Mesopotamia y su cultura. Lo mismo podemos ver en un relato de origen acadio, titulado Atrahasis, poema épico que relata desde la creación hasta el diluvio.

FUENTE: http://arquehistoria.com/historias/el-mito-del-diluvio-universal-explicado-por-la-ciencia