Indignate un ratito: “Dios odia a los homosexuales”

“Dios se ríe cuando muere un homosexual”, “la cura más efectiva contra los gays es el sida”, “el infierno es la casa de todos los aberrados sexuales”. Aunque frases como éstas causan una indignación general casi unánime, para Fred Phelps, jefe de la Iglesia Bautista Westboro, una insidiosa congregación en Topeka, Kansas, son tan sólo las palabras de Dios.

“Estados Unidos está sentenciada a muerte por su aceptación hipócrita de la homosexualidad. Sí Dios destruyó a Sodoma y Gomorra por esa razón, ¿por qué no lo habría de hacer con este país?”, asegura el reverendo, quien hoy, con más de 30 años de lucha de odio, acaba de recibir, gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos, su más reciente victoria.

Todo empezó cuando en 2006, Phelps, sus dos hijas, cuatro de sus nietos y seis sobrinos viajaron a Westimer, Maryland, para hacerse sentir en el funeral de Mattew Zinder, un soldado caído en Irak, del que se conociera públicamente su homosexualidad. “Que mueran todos los soldados homosexuales. Dios odia a Estados Unidos, por eso nos condenó con el 9/11”, fueron las arengas que ese día acompañaron las pancartas y los cánticos que llenaron de indignación y dolor a la familia del militar.

Por dicha razón el padre de Zinder demandó a Phelps y su iglesia por difamación y causa deliberada de estrés emocional, a lo que la corte estatal ordenó a la iglesia Westboro pagar una suma de US$5 millones por los daños causados. Sin embargo luego de apelar y de ganar, Phelps, conocedor de este tipo de batallas jurídicas, obligó a la familia del militar a echar mano de su último recurso, apelar ante la Corte Suprema.

A pesar de lo acalorado del debate, una mayoría de 8-1 en la sala magna defendió el derecho a la protesta de Westboro por su carácter público y no personal, pues en ningún momento Phelps, abogado retirado, ni sus dos hijos, abogados también, lanzaron insultos directos contra el soldado Zinder. Hecho que sumado a que toda la protesta se hizo apegada a la normatividad para este tipo de actos, reconoce la Corte, validaron la legalidad de los hechos que causaron tanta indignación nacional.

Al conocer la decisión, Phelps, quien según sondeos en todo el país es el activista antigay más odiado en EE.UU., y su hija, Shirley, heredera de su trono, prometieron triplicar su esfuerzo por hacer más protestas como las 45.300 que han realizado en los últimos 20 años en todo el país, en las que ha habido desde funerales de soldados caídos, muertos en accidentes de trafico, políticos y niños enfermos de sida. Esta iglesia también irrumpe en reuniones políticas, desfiles y cuanto acto congregue a muchas personas. Su grupo consiste en poco menos de 100 miembros, 90 de los cuales son parientes de Phelps por sangre o matrimonio, aunque su hija Shirley afirma que sólo el 80% son parientes.

A pesar de la decisión de la Corte Suprema, una corte de Missouri le salió al paso de Phelps y su congregación al aprobar de forma expedita una ley que regula las protestas en funerales a más de 500 metros de distancia y sólo dos horas antes o después del servicio religioso. Activistas de derechos humanos aseguran que iniciativas como ésta se verán en todo el país en los próximos meses.

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